El beso de la censura
Después de postergaciones porteñas y la cancelación en EE.UU., llega esta comedia negra protagonizada por Jim Carrey y Ewan McGregor. La historia, basada en hechos reales, se focaliza en un amor carcelario entre dos homosexuales.
Políticamente, ¿demasiado incorrecta? Su contenido es más fuerte, más explícito que la premiadísima “Secreto en la montana”, que gozó de la venia de la gran industria. ¿Y “Milk”, sobre aquel activista que peleó por los derechos gay y fue asesinado en 1978? Aquel film con Sean Penn deja escapar una escena álgida entre el protagonista y el mexicano Diego Luna. Tampoco tuvo mayores inconvenientes. Y aquí ninguna imagen obligará a desviar la vista. No es para tanto.
“Esto es una historia verdadera. De verdad”, susurra a modo de advertencia Steven Russell, el personaje de Carrey, que otra vez, sale favorecido en historias dramáticas (“The Truman Show” y “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”), más que cuando desfigura su rostro con las mil y una morisquetas de varias de sus conocidas comedias.
Aquella frase del primer minuto del film aumentará las ganas de sumergirse en esta impensada aventura de un organista de iglesia -aparentemente feliz, casado y con una hija-, que descubre su verdadera realización...en la cárcel y en compañía de otro hombre.
Otro aspecto que vale la pena saber es quién fue, quiés es Steven Russell, que hoy purga una pena de 144 años (hasta ahora sólo cumplió doce) en una cárcel de Texas. Su rutina asfixia: durante 23 horas está solo en una celda rodeado de custodia, de la que sale una hora para asearse. Russell tiene el récord de fugas, aunque en ninguna usó la violencia. ¿De qué se lo acusa? Es uno de los más extraordinarios estafadores del sistema financiero.
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Después de postergaciones porteñas y la cancelación en EE.UU., llega esta comedia negra protagonizada por Jim Carrey y Ewan McGregor. La historia, basada en hechos reales, se focaliza en un amor carcelario entre dos homosexuales.
Políticamente, ¿demasiado incorrecta? Su contenido es más fuerte, más explícito que la premiadísima “Secreto en la montana”, que gozó de la venia de la gran industria. ¿Y “Milk”, sobre aquel activista que peleó por los derechos gay y fue asesinado en 1978? Aquel film con Sean Penn deja escapar una escena álgida entre el protagonista y el mexicano Diego Luna. Tampoco tuvo mayores inconvenientes. Y aquí ninguna imagen obligará a desviar la vista. No es para tanto.
“Esto es una historia verdadera. De verdad”, susurra a modo de advertencia Steven Russell, el personaje de Carrey, que otra vez, sale favorecido en historias dramáticas (“The Truman Show” y “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”), más que cuando desfigura su rostro con las mil y una morisquetas de varias de sus conocidas comedias.
Aquella frase del primer minuto del film aumentará las ganas de sumergirse en esta impensada aventura de un organista de iglesia -aparentemente feliz, casado y con una hija-, que descubre su verdadera realización...en la cárcel y en compañía de otro hombre.
Otro aspecto que vale la pena saber es quién fue, quiés es Steven Russell, que hoy purga una pena de 144 años (hasta ahora sólo cumplió doce) en una cárcel de Texas. Su rutina asfixia: durante 23 horas está solo en una celda rodeado de custodia, de la que sale una hora para asearse. Russell tiene el récord de fugas, aunque en ninguna usó la violencia. ¿De qué se lo acusa? Es uno de los más extraordinarios estafadores del sistema financiero.
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